En una casa solar, la luz se convierte en energía en paneles del techo y queda guardada en baterías para la noche. En casas pequeñas como las nuestras, eso significa autonomía total: nada de cables de la calle, nada de ruido de generador.

Para el huésped, es una experiencia de presencia: notas el sol, notas la noche, notas cuánto consumes.